Bestezuelas

Hace unos años -últimamente prefiero no calcular cifras exactas en lo que a tiempo se refiere- estuve trabajando en el guión de un thriller pasional ambientado en un canódromo. Para mí era un cuento de hadas -de hadas chungas- con un anciano rey, un paje leal, un caballero recién llegado de un reino vecino y una princesa triste. Había hasta un dragón por gramos acechando a la princesa... Con su director y guionista estuve varias semanas hablando del amor y de los sueños y de la estructura en tres actos, la maternidad y las pistolas. Hablando de las liebres de trapo que persiguen los galgos, que parecen apetecibles viéndolas de lejos, y al alcanzarlas resulta que son un peluche infecto. Hace un par de semanas se estrenó Bestezuelas, y pensé al salir del cine que a veces sí merece la pena la carrera. Gracias, Carlos, por darnos -también a Dudo-, un final feliz.

Bestezuelas

Mil gracias a ti. ¡Las bestezuelas te deben tanto!
Y mil besos.

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